Lo que aquí os voy a
contar es una historia de sangre, miseria, muerte y decadencia humana, una historia de
cuán ruin puede llegar nuestra especie y del sometimiento de esta
hacia resto.
Mi nombre es Tunk Silver
Jr., nº ID: 47197, hijo de Tunk Silver Sr, toda una leyenda en la materia
que nos compete. A diferencia con mi padre, cuyo honor nunca fue
cuestionado, yo he sido odiado y criticado por muchos; y admirado y
respetado por unos menos.
Durante más de 20 años
me he dedicado a la caza y el entrenamiento de más de 200 especies
distintas, he recorrido más de medio mundo, conociendo los
entresijos de cada país que visitaba, viviendo aventuras, jugándome
la vida y formando parte de sus leyendas, haciéndolas reales. Allá
donde he ido, he obtenido todas las medallas que me he propuesto, he
participado en prestigiosas competiciones, ganando buena parte de
ellas.
Todo este currículum no
sirvió para ganarme el respeto de la opinión pública durante buena
parte de mi carrera. Los tertulianos de los mass media, los haters de
internet... se dedicaron a empañar mi nombre con continuas
comparaciones con mi familia, menospreciando mi esfuerzo, diciendo
que no sería nadie en el caso de proceder de otra familia.
Pero, paradójicamente,
fue al comenzar a ganarme el respeto de todos, cuando comencé a
perdérmelo yo mismo.
Vivimos en una sociedad
detestable, que mantiene como tradición heroica que un niño de 10 ó 15 años abandone su hogar para convertirse en un cazador
furtivo que lanza a sus presas a corrales de pelea para obtener
gloria. Admiramos a gañanes analfabetos que lo único que son
capaces de crear es sufrimiento en estas criaturas y alardear de su
colección.
Toda nuestra cultura y
avances giran en torno a este despreciable arte. Cuando aún
empleábamos sanguijuelas como método revolucionario de medicina,
cuando una diarrea o beber agua te podía matar y lavarse el culo no
era costumbre, aprendimos, no sé como, encerrar a estas criaturas
en bolas que cabían en una mano. Todo lo explicaron gracias al
mágico fruto de la bonguri.
A día de hoy hemos
aprendido a teletransportar animales metidos en esas dichosas bolas,
mientras la gente sigue muriendo de hambre y no tenemos ni idea de
como curar un cáncer.
Convertimos a los
animales en armas, en un circo, en mercancías. Los empleamos para el
ocio o para la guerra. Conquistamos el mundo exportando esta cultura
a los pocos rincones que aún son inocentes. Y, a pesar de todas las
disidencias que llegan a surgir, el monstruo no para de crecer.
Ante este cruel panorama,
no es de extrañar que mi carrera, al igual que la de mi padre, esté
marcada por el dolor y la muerte. La de mi padre tuvo un punto de
inflexión al cruzarse con un moribundo; a la mía, el pistoletazo de
salida se lo dio la muerte.
Durante toda mi camino he
escrito en un diario los actos viles que he cometido, mis momentos de
flaqueza y mis miserias, mientras pensaba que era un héroe, de un
modo similar al que hizo mi padre.
A día de hoy, en algún
lugar de Kalos, a punto de enfrentarme a uno de los episodios más
duros de mi vida, envío mi diario, junto a las breves memorias que
escribió mi padre, a mi buen amigo Toji, que ha sido mi brújula
durante todo mi periplo, para que las publique. Tal vez las leáis
como las biografías de unos héroes; para mí, son las memorias de
un héroe que escogió un camino equivocado y el diario de un
sinvergüenza que continuó ese camino, aún sabiendo que estaba
errado.