jueves, 25 de febrero de 2016

Me llamo Tunk Silver Jr. y os voy a contar una historia de sangre y miseria

Lo que aquí os voy a contar es una historia de sangre, miseria, muerte y decadencia humana, una historia de cuán ruin puede llegar nuestra especie y del sometimiento de esta hacia resto.
Mi nombre es Tunk Silver Jr., nº ID: 47197, hijo de Tunk Silver Sr, toda una leyenda en la materia que nos compete. A diferencia con mi padre, cuyo honor nunca fue cuestionado, yo he sido odiado y criticado por muchos; y admirado y respetado por unos menos.
Durante más de 20 años me he dedicado a la caza y el entrenamiento de más de 200 especies distintas, he recorrido más de medio mundo, conociendo los entresijos de cada país que visitaba, viviendo aventuras, jugándome la vida y formando parte de sus leyendas, haciéndolas reales. Allá donde he ido, he obtenido todas las medallas que me he propuesto, he participado en prestigiosas competiciones, ganando buena parte de ellas.
Todo este currículum no sirvió para ganarme el respeto de la opinión pública durante buena parte de mi carrera. Los tertulianos de los mass media, los haters de internet... se dedicaron a empañar mi nombre con continuas comparaciones con mi familia, menospreciando mi esfuerzo, diciendo que no sería nadie en el caso de proceder de otra familia.
Pero, paradójicamente, fue al comenzar a ganarme el respeto de todos, cuando comencé a perdérmelo yo mismo.
Vivimos en una sociedad detestable, que mantiene como tradición heroica que un niño de 10 ó 15 años abandone su hogar para convertirse en un cazador furtivo que lanza a sus presas a corrales de pelea para obtener gloria. Admiramos a gañanes analfabetos que lo único que son capaces de crear es sufrimiento en estas criaturas y alardear de su colección.
Toda nuestra cultura y avances giran en torno a este despreciable arte. Cuando aún empleábamos sanguijuelas como método revolucionario de medicina, cuando una diarrea o beber agua te podía matar y lavarse el culo no era costumbre, aprendimos, no sé como, encerrar a estas criaturas en bolas que cabían en una mano. Todo lo explicaron gracias al mágico fruto de la bonguri.
A día de hoy hemos aprendido a teletransportar animales metidos en esas dichosas bolas, mientras la gente sigue muriendo de hambre y no tenemos ni idea de como curar un cáncer.
Convertimos a los animales en armas, en un circo, en mercancías. Los empleamos para el ocio o para la guerra. Conquistamos el mundo exportando esta cultura a los pocos rincones que aún son inocentes. Y, a pesar de todas las disidencias que llegan a surgir, el monstruo no para de crecer.

Ante este cruel panorama, no es de extrañar que mi carrera, al igual que la de mi padre, esté marcada por el dolor y la muerte. La de mi padre tuvo un punto de inflexión al cruzarse con un moribundo; a la mía, el pistoletazo de salida se lo dio la muerte.
Durante toda mi camino he escrito en un diario los actos viles que he cometido, mis momentos de flaqueza y mis miserias, mientras pensaba que era un héroe, de un modo similar al que hizo mi padre.


A día de hoy, en algún lugar de Kalos, a punto de enfrentarme a uno de los episodios más duros de mi vida, envío mi diario, junto a las breves memorias que escribió mi padre, a mi buen amigo Toji, que ha sido mi brújula durante todo mi periplo, para que las publique. Tal vez las leáis como las biografías de unos héroes; para mí, son las memorias de un héroe que escogió un camino equivocado y el diario de un sinvergüenza que continuó ese camino, aún sabiendo que estaba errado.